“Creo firmemente que la memoria no es un objeto estático ni una pieza de museo. La memoria está viva, corre por nuestra sangre, se hereda”.
Rodrigo Ramos Bañados
El pasado 5 de diciembre, en una ceremonia realizada en el Teatro Municipal de Iquique, Iván Vera-Pinto Soto recibió el Premio Regional de Artes, Culturas y Patrimonios 2025 “Guillermo Jorquera Morales”. No era un reconocimiento cualquiera: con 55 años de trayectoria y 46 de trabajo ininterrumpido en la Universidad Arturo Prat (UNAP), el director del Teatro Universitario Expresión veía coronada una vida dedicada a las artes escénicas del norte de Chile. Pero el premio llegaba en un momento especialmente simbólico, a pocos meses del estreno de Claudina: Teatro, Amor y Revolución en la Pampa Salitrera, la obra que marcaría su despedida oficial al frente de la compañía que fundó y dirigió por casi medio siglo.
Un cierre con memoria
Para la UNAP, este montaje no es un estreno más. Diego Olivares Z., director de la Dirección General de Vinculación con el Medio y Relaciones Internacionales, lo define sin ambages: “Este montaje representa un momento significativo para la Universidad Arturo Prat. Marca el cierre de una etapa liderada por Iván Vera-Pinto, cuya trayectoria ha sido fundamental para el desarrollo del teatro universitario y para rescatar parte esencial de la historia y la identidad de Tarapacá”.
El desafío que asume la casa de estudios es doble: reconocer el legado y proyectarlo. “Como universidad, asumimos el desafío de proyectarlo hacia el futuro. Nuestro compromiso es seguir fortaleciendo este espacio de creación, impulsando nuevos talentos y consolidando a la UNAP como un actor relevante en la difusión del arte y la cultura de la región”, agrega Olivares. La meta es clara: que el Teatro Universitario Expresión continúe siendo un espacio para formar artistas, desarrollar nuevas propuestas escénicas y mantener vivo el patrimonio cultural tarapaqueño.
Claudina, la madre de Tarapacá
La obra que pone punto final a esta etapa rescata una figura poco conocida pero fundamental: Claudina del Carmen Morales Pavéz (1892-1972), actriz, directora de teatro, dirigente obrera y militante de organizaciones de mujeres, conocida como “la madre de Tarapacá”. Ambientada en el contexto de la matanza de la Escuela Santa María de Iquique, la novela homónima de Sergio González Miranda —Premio Nacional de Historia 2014— narra cómo Claudina se abrió camino en un mundo marcado por la desigualdad, el hambre y la precariedad. Se convirtió en pionera del teatro obrero y en protagonista de luchas políticas y de género.
Para Olivares, llevar su historia al escenario tiene un propósito claro: “rescatar la trayectoria de una mujer que realizó un importante aporte al desarrollo cultural y social de Tarapacá. Llevar su historia al escenario es una forma de valorar a quienes contribuyeron al crecimiento de nuestra región y que muchas veces no han ocupado un lugar destacado en la memoria colectiva”. La obra, basada en la novela de González, busca que el público no solo conozca su historia, sino que reflexione sobre la importancia de preservar el patrimonio cultural y reconocer el aporte de mujeres y hombres que construyeron la identidad tarapaqueña.
Más de un centenar de obras y una vida en el teatro
La trayectoria de Vera-Pinto es, en sí misma, un capítulo de la historia cultural de Tarapacá. Nacido en Iquique en 1955, cursó sus estudios básicos en la Escuela Nº 3 y luego en el Liceo Bernardo O’Higgins, donde comenzó su práctica del arte escénico. En 1973, tras el golpe de Estado, emigró a Perú, donde estudió Antropología en la Universidad San Cristóbal de Huamanga y trabajó como director del Teatro Universitario entre 1974 y 1979. En mayo de ese año regresó a Iquique y se integró a la entonces sede de la Universidad de Chile —hoy UNAP—, donde ha ejercido su labor académica hasta la actualidad.
Desde entonces, su producción ha sido incesante. Más de un centenar de obras teatrales dirigidas, más de 25 libros de dramaturgia, narrativa y ensayos literarios publicados, y un lugar central en el teatro de la memoria. Esa línea de investigación de un centenar de obras teatrales dirigidas, más de 25 libros de dramaturgia, narrativa y ensayos literarios publicados, y un lugar central en el teatro de la memoria. Esa línea de investigación desde hace dos décadas ha visibilizado historias, personajes y procesos que han marcado la identidad profunda de Tarapacá.
Entre sus creaciones destacan títulos como Recabarren. Teatro y desdicha obrera, Las voces de los callados, Coruña. La ira de los vientos y La última batalla, pieza que aborda el destino de los soldados pobres de Chile, Perú y Bolivia. Más recientemente, Tenedor libre para los condenados a la esperanza, obra que representará a Chile en el IV FESTUNI 2026 en Lima, aborda la fragilidad humana en contextos extremos con influencias del teatro del absurdo y el teatro épico.
Un legado que trasciende
Al recibir el premio regional, Vera-Pinto lo dedicó a un colectivo entero: “Este reconocimiento distingue a un colectivo entero que defiende nuestra memoria y nuestra identidad. La creación es una fuerza que nos impulsa a construir nuevas realidades juntos”. Recordó sus inicios, el exilio y el regreso, y subrayó que “las nuevas generaciones deben conocer y reflexionar sobre un pasado que todavía nos define”. También honró a quienes, desde comienzos del siglo XX, forjaron el teatro social obrero en Tarapacá: Luis Emilio Recabarren, Elías Lafertte y tantos otros que mantuvieron vivo el arte en tiempos complejos.
“Después de 55 años dedicados a la dramaturgia, la docencia y la investigación, este premio llega como un aliciente para continuar creando”, afirmó. Y agregó una reflexión que parece resumir todo su trabajo: “Creo firmemente que la memoria no es un objeto estático ni una pieza de museo. La memoria está viva, corre por nuestra sangre, se hereda”.
Con Claudina: Teatro, amor y revolución en la pampa salitrera: el telón cae sobre una etapa, pero el legado de Iván Vera-Pinto —y el del Teatro Universitario Expresión— seguirá presente en cada obra, en cada actor formado y en cada historia rescatada del olvido. Como bien lo expresa Olivares, el compromiso de la UNAP es que ese espacio de creación se consolide como un actor relevante en la difusión del arte y la cultura de la región. Y la memoria, como bien lo sabe Vera-Pinto, no se apaga con un aplauso final.
