300 kilómetros de acantilados y utopía: el sueño costero de Kast y Vargas contra la realidad

300 kilómetros de acantilados y utopía: el sueño costero de Kast y Vargas contra la realidad

Experto Iván Ramos, baja la persiana: no es viable, no es ahora. Y mientras tanto, el Pacífico sigue golpeando las rocas de la costa, allá abajo, inalcanzable para el asfalto, libre para siempre.

La imagen desde el avión aclara todas las dudas. Los acantilados caen de frente sobre el Pacífico, y la arena, a veces blanca, a veces ocre, se confunde con la bruma que sube desde el oleaje. En medio de esa geografía agreste, la idea del Presidente José Antonio Kast, surge como un globo sonda: una ruta costera que una Arica con Iquique. Una idea que ha sonado como un eco lejano, casi un rumor. Algo así como un sueño imposible. En Iquique, quienes saben, miran al cielo y respiran profundo. En Arica hay un poquito más de fe.

Ese anhelo, sin embargo, no nació en las oficinas de Kast. En Arica, el alcalde Orlando Vargas lo ha repetido hasta hacerlo bandera de su discurso. Uno de los puntos más insistentes de su gestión ha sido la construcción de una carretera costera, alternativa que permitiría mejorar de forma sustancial la conectividad terrestre de la ciudad. Arica, lamentablemente, tiene serios problemas de conectividad con el país. No tiene vuelos directos desde Iquique o Antofagasta. Y lo peor: la fragilidad de la Ruta 5 -el único punto de unión con el país- en los tramos de las grandes cuestas. 

Vargas argumenta con la urgencia de quien ha visto la Ruta 5 cortada por la geografía: los constantes derrumbes en las cuestas generan un riesgo permanente de aislamiento para Arica. “Necesitamos una vía por la costa que nos una con el sur los 365 días del año”, afirma.

Y no se detiene allí. Para el alcalde, una ruta de estas características no solo beneficiaría a su comuna, sino al país entero. “Reduciríamos el viaje a Iquique a una hora y media, y dejaríamos atrás los bloqueos y emergencias en la cuesta”, señala con la convicción de quien ha caminado el borde costero. Su postura es clara: esta obra debe ser parte de un plan serio, estructural, con financiamiento directo del Estado. Un sueño de asfalto que, en su voz, suena a necesidad impostergable.

En una entrevista concedida a Radio Cappissima de Arica, el presidente José Antonio Kast abordó diversos desafíos para el desarrollo del norte del país y planteó la necesidad de proyectar una futura ruta costera entre Arica e Iquique.

Pero los sueños, en el desierto, a menudo se hunden en la arena. Porque son aproximadamente 300 kilómetros los que separan el morro de Arica del casco histórico de Iquique, si uno sigue la actual Ruta 5. Sin embargo, el trazado soñado por Kast y Vargas bordearía el litoral: una cinta de asfalto pegada al abismo, mirando de frente a los lobos marinos y las caletas abandonados. Túneles a cada rincón. Desde el sur de Arica, pasando por la caleta de Camarones, luego Cuya, Pisagua, hasta bajar por las quebradas e ingresar a Iquique. Más túneles. En línea recta, la distancia se acorta, pero en la práctica, cada kilómetro costero es una batalla contra la topografía.

Experto le pone la lápida a la idea

Para entender la magnitud del desafío, conversamos con Iván Ramos Godoy, ex jefe de Gabinete del Ministerio de Obras Públicas (MOP) en la región de Tarapacá. Con la voz pausada de quien ha visto expedientes y planos suficientes, Ramos no deja espacio para la ilusión:

«Se ve poco viable la construcción de una ruta costera Iquique-Arica. Desconozco si existen estudios al respecto, pero técnicamente sería algo muy costoso de proyectar y construir, a lo menos en el corto y mediano plazo.»

Sus palabras pesan como lastre. Porque construir una carretera en esa franja no es como trazar líneas en un mapa. Hay que vencer acantilados de más de 200 metros de altura, estabilizar dunas móviles en sectores como El Gringo o la bajada de Juan de Morales, y sortear decenas de quebradas secas que en invierno altiplánico se convierten en ríos torrenciales. Cada kilómetro, allí, costaría decenas de millones de dólares. Y después, mantenerlo, con derrumbes frecuentes y el salitre corroyendo el pavimento.

No obstante, Ramos añade un dato que matiza el panorama, aunque no en la dirección que los entusiastas de la costa esperarían:

«Sin embargo, sabemos que actualmente se están haciendo estudios para poder construir una concesión de la ruta Iquique – Arica por la Ruta 5, lo que debería mejorar el estándar de dicha ruta, que salvo algunas problemáticas particulares, en general se encuentra en buenas condiciones gracias a los diferentes trabajos viales que se desarrollaron en los últimos cuatro años.»

Así que mientras la ruta costera se desvanece como un espejismo entre las termales de Puchuldiza, la Ruta 5 —la vieja Panamericana— se prepara para una cirugía mayor. Se habla de dobles calzadas, iluminación LED en sectores oscuros, áreas de descanso con miradores, y terceros carriles para la lenta ascensión de los camiones. Todo ello a lo largo de esos mismos 300 kilómetros, pero por el interior, donde la geografía es más generosa.

Al final, la crónica de esta ruta soñada es la crónica de un desencuentro. Kast la impulsa desde la política nacional con desconocimiento evidente del territorio. Vargas la clama desde el extremo norte, con el miedo a quedar aislado entre derrumbes. Pero la respuesta técnica, en la voz de Iván Ramos, baja la persiana: no es viable, no es ahora. Y mientras tanto, el Pacífico sigue golpeando las rocas de la costa, allá abajo, inalcanzable para el asfalto, libre para siempre. Lo otro son vuelos a bajo costo entre Iquique y Arica, lo que es casi imposible porque las líneas aéreas no son empresas de beneficencia.