Una vaguada gigante se combinó con abundante humedad costera. El resultado fue un río atmosférico invertido: llovió en el mar, en la costa, en el núcleo hiperárido y nevó en altura.
En el norte estamos acostumbrados a la camanchaca, no a la nieve. Hay quienes incluso, mueren sin conocerla. Pero agosto de 2026 rompió esa regla. El desierto de Atacama, el lugar más árido del planeta, amaneció cubierto de blanco desde la cordillera hasta casi tocar el Pacífico. Y no fue un espejismo o una fatamorgana, como dijo Hernán Rivera Letelier.
La postal la confirmó la NASA. Su Observatorio de la Tierra publicó imágenes del satélite Terra que muestran un manto de nieve cubriendo una vasta área del norte de Chile, desde los Andes hasta cerca de la costa.
La postal imposible
No fue una nevada aislada. Fueron dos temporales consecutivos. El primero quedó registrado entre el 6 y el 14 de agosto por los satélites Landsat 8 y 9 en el llano de Chajnantor, en el complejo volcánico Altiplano-Puna, donde está el radiotelescopio ALMA. El 6 de agosto el terreno aparecía seco y café. Ocho días después, el mismo sector se encontraba prácticamente cubierto de blanco por la nieve. Con la llegada de la nieve y los fuertes vientos, ALMA suspendió sus operaciones y puso sus antenas en modo de protección.
El segundo episodio fue aún más extenso. Una imagen captada el 19 de agosto por el instrumento MODIS del satélite Terra mostró que la nieve se extendió hacia el oeste desde los Andes, atravesando el núcleo del desierto de Atacama y llegando hasta las cercanías de la costa, al sur de Antofagasta.
La NASA lo calificó como excepcional. La zona árida ya había experimentado nevadas en 2011 y 2025, pero las de este año fueron “excepcionalmente extensas, abarcando desde los Andes hasta cerca de la costa del Pacífico”, precisando que se trata de “nieve rara y generalizada en el desierto de Atacama”.


La física detrás del milagro
¿Cómo nieva en el desierto más seco? La explicación no es una sola tormenta polar, sino un mecanismo típico del norte, pero potenciado. Según el informe de la NASA, la mayor parte de las precipitaciones invernales de la región provienen de sistemas de baja presión aislados, que se separan de la corriente en chorro y ocasionalmente pueden llegar al norte de Chile.
La tormenta de finales de agosto también se originó a partir de un sistema de baja presión aislado, pero este se desprendió de una vaguada inusualmente grande —una zona alargada de presión atmosférica relativamente baja— que abarcaba una enorme extensión del hemisferio, desde el extremo sur de Sudamérica hasta las zonas subtropicales.
Esa vaguada gigante se combinó con abundante humedad costera. El resultado fue un río atmosférico invertido: llovió en el mar, en la costa, en el núcleo hiperárido y nevó en altura. El contexto mayor es “El Niño”. Varios reportes meteorológicos de principios de agosto ya vinculaban las borrascas invernales activas a un intenso Niño, que este invierno ha traído sistemas frontales desde Arica a Los Lagos.
Para René Garreaud, científico atmosférico de la Universidad de Chile, la magnitud fue “rara vez vista en esta región, por lo demás extremadamente árida (…) Este tipo de fenómenos se dan solo unas pocas veces por década, si es que se dan alguna”, según consigna una crónica del diario El País.
El norte golpeado
La belleza de la postal tuvo un costo humano inmediato, sobre todo en la macrozona norte. SENAPRED declaró Alerta Temprana Preventiva para Arica y Parinacota, Tarapacá y Antofagasta y luego el Gobierno declaró zona de catástrofe para las tres regiones. Las alertas rojas por evento meteorológico se mantuvieron vigentes en la Región de Antofagasta, además de la provincia de Iquique y la comuna de Huara, en Tarapacá.
Los números del balance son duros: Tocopilla fue el epicentro de la destrucción. El aluvión del 17 de agosto dañó casi el 60% de las viviendas de la localidad, obligando a evacuar los sectores Pacífico Norte, Tres Marías y Cinco de Octubre, y a trasladar a 540 internos del centro penitenciario. Taltal acumuló casi 40 milímetros de lluvia en tres días, aproximadamente diez veces su promedio anual.
Servicios básicos: la SEC reportó 12.975 clientes sin suministro eléctrico en las regiones de Arica y Parinacota, Tarapacá, Antofagasta, Atacama y Coquimbo, y más de 53 mil con cortes de agua en Antofagasta.
Conectividad: Vialidad trabajó para recuperar parcialmente la Ruta 504 en Tarapacá, mientras que en Antofagasta permanecieron afectadas las rutas 710, 1 y 24. Vida cotidiana: clases suspendidas en Arica, Tarapacá y cinco comunas de Antofagasta, puertos con restricciones y 660 damnificados solo en Tarapacá.
En Iquique, la nevazón no llegó a la ciudad, pero se vio en la precordillera y en la cordillera de Tarapacá y Arica, donde los avisos fueron de nevadas normales a moderadas. Para una región donde 3 milímetros de lluvia ya generan emergencia, ver la cordillera blanca hasta tan abajo fue señal de que algo grande estaba pasando arriba.
Este fenómeno es ¿excepción o nueva norma?
Que nieve en Atacama no es imposible, pero que nieve así sí lo es. El desierto hiperárido vive de estas bajas segregadas. Lo inusual de 2026 fue la escala y la persistencia: dos sistemas en menos de 15 días, con una vaguada de escala hemisférica empujando humedad hacia donde nunca llega.
Los climatólogos advierten que El Niño no crea estos eventos, pero sí les da más combustible. Y con un océano más cálido, la probabilidad de que una baja segregada encuentre humedad suficiente para descargar en el norte aumenta.
Por ahora, queda la imagen satelital: el café del desierto borrado por el blanco. Una crónica de cómo, por unos días de agosto, el norte de Chile dejó de ser desierto para recordar que también es cordillera, altiplano y, aunque nos cueste creerlo desde Iquique, territorio de nieve.
