Los pronósticos más recientes indican que El Niño podría manifestarse entre mayo y julio de 2026, con una probabilidad que roza el 60% y podría alcanzar el 80% en los meses siguientes.
“El agua está muy clara, desapareció la anchoa y también los lenguados”. Juan Carlos Gorena, reconocido deportista de la caza submarina, bucea casi todas las noches en la costa de Tarapacá. Desde la primera semana de abril de 2026, algo cambió para siempre. “El agua está increíblemente clara, muy clara. También bajó de temperatura, algo distinto a años anteriores, cuando solía estar más turbia y cálida”, relata Gorena. Y agrega: “Desapareció la anchoa, que era la fuente primaria de la cadena alimenticia. Y también desaparecieron los lenguados, que son mi pesca objetiva desde la orilla, de noche. Es un cambio superdrástico: había lugares donde todas las noches sacaba mi cuota, y ahora esa cuota se redujo a algo ínfimo”.
El testimonio del buzo no es una impresión aislada. Es la primera alerta viva de lo que los modelos científicos ya comienzan a confirmar: el fenómeno de El Niño 2026 se acerca a la Región de Tarapacá con fuerza inusitada.
El diagnóstico científico
Los pronósticos más recientes indican que El Niño podría manifestarse entre mayo y julio de 2026, con una probabilidad que roza el 60% y podría alcanzar el 80% en los meses siguientes. Por ahora, el océano Pacífico ecuatorial se mantiene en condiciones neutrales, ofreciendo una última tregua antes de que el calentamiento de las aguas redefina el ecosistema marino y el clima regional.
En la segunda sesión de la Mesa Regional de El Niño y Cambio Climático, el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) ya confirmó que el fenómeno está afectando la costa norte de Chile. La disponibilidad de especies clave como la anchoveta y el jurel ha caído, impactando tanto a la pesca industrial como a la artesanal.
En caletas como Chanavayita, Caramucho y El Colorado, los pescadores deben navegar distancias cada vez más largas y gastar más combustible para encontrar cardúmenes que antes abundaban cerca de la orilla. Las aguas más cálidas desplazan a las especies frías y permiten la irrupción de especies tropicales, alterando por completo la economía local.
Según datos del Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (SERNAPESCA) del último evento El Niño en 2023, la pesca artesanal en Tarapacá involucra a más de 4.500 familias. Para este 2026, el IFOP estima que la captura de anchoveta podría desplomarse hasta un 40% en los próximos tres meses.
Para enfrentar la crisis, el IFOP, junto a INDESPA, el Ministerio del Medio Ambiente y la Universidad Arturo Prat, desarrolla una plataforma tecnológica que integra información ambiental, pesquera y de acuicultura a escala reducida. Estas herramientas, parte del Sistema de Alerta, Predicción y Observación (S.A.P.O.) del Océano, serán presentadas ante el Gobierno Regional y el Comité Regional para el Cambio Climático (CORECC).
El otro rostro: aluviones y barro
Si el impacto en el mar es profundo, en el interior la amenaza toma forma de muro de barro y piedras. La memoria de Tarapacá aún sangra con los aluviones de 1983, 1997 y, más recientemente, el de 2025 en Huatacondo. Ese día, apenas unos milímetros de lluvia bastaron para que un flujo de barro de un metro de altura arrasara calles, viviendas y la única posta de salud rural de la zona.
En respuesta, el Consejo Regional aprobó una inversión histórica de 590 millones de pesos para estudiar el comportamiento de las quebradas en la comuna de Pozo Almonte. El objetivo es generar una “radiografía completa del territorio” que permita diseñar medidas estructurales y de prevención.
Mientras tanto, en Iquique y Alto Hospicio, avanzan los muros aluvionales en la quebrada Seca. Con una altura de hasta 7,4 metros, estas barreras físicas —cuyo avance superaba el 80% a comienzos de 2021— protegen a miles de familias en sectores como El Boro y Santa Rosa.
Oleajes y puertos
El fenómeno también golpea con fuerza bruta desde el mar. El Centro Zonal de Meteorología Marina de Valparaíso ha emitido el duodécimo aviso de marejadas en lo que va de 2026. Olas del suroeste afectan recurrentemente el litoral, con especial incidencia en Iquique y Arica durante las horas de pleamar.
Para el puerto de Iquique —corazón de la Zona Franca y puerta de entrada al comercio y la minería—, cada marejada significa paralizaciones operativas, riesgos para la navegación y un nuevo golpe a la economía local.
La Dirección Meteorológica de Chile (DMC) advierte que, aunque la zona norte se mantiene en su estación seca habitual, existe una probabilidad de que los acumulados de lluvia en la precordillera y el altiplano superen lo normal, aumentando el riesgo de remociones en masa.
Más alarmante aún es la advertencia del meteorólogo de Canal 13, Gianfranco Marcone: el calentamiento global podría potenciar el fenómeno, generando una “doble fuente de calentamiento” que convertiría a El Niño 2026 en uno de los más intensos de los que se tenga registro.
Mientras tanto, Juan Carlos Gorena sigue sumergiéndose cada noche. Ya no busca la misma pesca. Solo observa, atento al silencio del mar que cambió.
