Los meteoritos de Atacama no son solo piedras del espacio, son archivos del origen del Sistema Solar, señala la experta Millarca Valenzuela. Pero la urgencia, insiste, no está en el cielo. Está en el suelo, en un desierto que Chile todavía no sabe proteger.
Por Rodrigo Ramos Bañados
Chile es el país con más meteoritos del mundo. También es, según la científica que más los ha estudiado, el país donde más se los roban. Esa contradicción —un patrimonio único que se escapa entre los dedos por falta de ley— fue el hilo conductor de la charla que la geóloga Millarca Valenzuela dio en el Museo de Antofagasta ante un público de estudiantes, académicos y curiosos reunidos bajo el título “Meteoritos del Desierto de Atacama: patrimonio único de la región de Antofagasta en peligro”.
La charla, organizada con el respaldo de la Universidad Católica del Norte (UCN), el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural (SERPAT), el Museo de Antofagasta, el Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA), el Ministerio de Ciencia y la ANID, no fue una conferencia. Valenzuela, académica de la UCN e investigadora del CATA, reconocida como la primera científica chilena en investigar meteoritos y dueña de una de las colecciones más extensas de Sudamérica —con más de 500 ejemplares recolectados en sus expediciones al Desierto de Atacama—, habló con la autoridad de quien ha pasado años recorriendo el terreno. Pero también con la cercanía de alguien que nació en Antofagasta y que, como ella misma ha contado, “me convertí en geóloga estudiando un meteorito”.
Rocas antiguas, patrimonio en riesgo
Durante su exposición, Valenzuela explicó que los meteoritos que se encuentran en el Norte Grande no son meras curiosidades: son verdaderas cápsulas del tiempo. “Alrededor del 90% de los meteoritos que se encuentran son los llamados ‘condritos ordinarios’ y son las rocas más antiguas del Sistema Solar”, señaló. “De alguna forma son parte de la materia prima que formó los planetas, entonces todo lo que encontramos ahí tiene relación con los procesos primarios de acreción”.
La académica detalló que el desierto de Atacama ofrece condiciones únicas para la preservación de estos fragmentos cósmicos: “Tenemos el desierto más árido del planeta y el más antiguo. Las condiciones de hiperaridez se establecieron hace millones de años. Eso significa que las superficies han permanecido estables por todo ese tiempo, sin mucha actividad tectónica y sin agua líquida”, explicó, subrayando que, a diferencia de otros desiertos como el Sahara, Atacama permite encontrar tanto ejemplares caídos recientemente como otros que llevan millones de años en el suelo.
Pero la charla no se limitó a la geología. Valenzuela también abordó el aspecto más urgente de su trabajo: la protección de este patrimonio. “Chile es el país con más meteoritos en el mundo, pero donde más los roban”, ha advertido en más de una ocasión. En el Museo de Antofagasta, insistió en que la falta de una ley específica deja a estos objetos a merced del saqueo y la exportación ilegal. “Es importante regular la venida de expediciones”, ha dicho, refiriéndose a los grupos extranjeros que llegan al desierto en busca de meteoritos sin los permisos adecuados.
Búsqueda de bólidos
Uno de los proyectos que Valenzuela destacó durante su presentación fue la red de cámaras Chacana, la primera red nacional para el monitoreo de bolas de fuego o bólidos. La idea es crear una red de cámaras de ojo de pez apuntando hacia el cielo, distanciadas cada 100 kilómetros a lo largo de todo Chile. Una vez que una cámara reconoce un meteoro, lo reporta a la central, que consulta a las cámaras aledañas si vieron algo. Luego, a partir de los registros de cada una, calculan la trayectoria de caída de la roca y determinan la órbita de entrada del objeto a la atmósfera, para ver desde dónde vino.
El nombre, explicó, no es casual: “Chacana es la cruz andina, la que siento como parte de mi cultura”. Para Valenzuela, la ciencia y el territorio no son esferas separadas; su trabajo busca precisamente tender puentes entre el conocimiento global y la realidad local.
Una científica pionera
La trayectoria de Millarca Valenzuela no es menor. Nacida en Antofagasta, estudió geología en la Universidad de Chile y se doctoró en Ciencias, mención Geología. Fue presidenta de la Sociedad Geológica de Chile y ha recibido múltiples reconocimientos, entre ellos el premio “For Women in Science” de UNESCO-L’Oréal (2008) y el premio Mujer Referente en STEM de la Región de Antofagasta (2023). En 2017, el asteroide 11819 fue bautizado como “Millarca” en honor a sus contribuciones a las ciencias planetarias, convirtiéndose en el primero en llevar el nombre de una geóloga chilena.
“Tener un trabajo que me permite cada año ir a buscar rocas, en el paisaje que más me gusta, es como un regalo”, ha confesado. Pero ese regalo conlleva una responsabilidad: la de proteger un patrimonio que, como ella misma advierte, es único en el mundo. “Estas rocas tienen las llaves de interpretación de muchos de los procesos que ayudan a entender cómo se formó la Tierra”, ha dicho.
Al finalizar la jornada, entre preguntas del público y el inevitable revuelo de quienes querían acercarse a la experta, quedó flotando una idea: los meteoritos de Atacama no son solo piedras del espacio, son archivos del origen del Sistema Solar. Pero la urgencia, como insistió Valenzuela esa tarde, no está en el cielo. Está en el suelo, en un desierto que Chile todavía no sabe proteger.
