Cuatro huevos en el sector del Parque Aventura Yacaré complican aún más la partida de los animales.
Un yacaré observa varios rostros adheridos al otro lado del vidrio. Nunca quiso ser vedette; menos en un país desconocido, pero está ahí, quieto, expectante, solidificado como si le hubieran pasado una brocha de pegamento encima. No es su hábitat estar encerrado entre cuatro vidrios. No. El animal debería estar en la selva, cerca de un curso de agua, en el planeta Amazonas. Pero, claro, arribó a Iquique, por capricho de alguien, cuando recién había salido de la cáscara y se quedó por acá, para su infortunio. No ha tenido una vida de maltrato, aclaremos, pero no debería estar acá.
Desde el 2004, para ser específico, la ciudad cuenta con el denominado Parque Aventura Yacaré, de administración municipal, que mantenía, para exhibición en su mejor momento, a cinco de estos animales comunes de zonas tropicales. Habían llegado procedentes de Bolivia, como parte de un singular presente de las autoridades de ese país al entonces alcalde Jorge Soria. Había peces, de la variedad “carpas koi”, de una belleza sin par. Estos, con el correr del tiempo fueron desapareciendo. Según un comerciante del sector, a los peces los sacaron con baldes de a poquito para que no se notara. Quién sabe el destino. Tal vez terminaron en algún acuario o en el sartén. Yacaré al plato, ya es otra cosa. En Santa Cruz de la Sierra son parte de la oferta gastronómica, pero por suerte aquí no; de lo contrario se los robarían, dice Rafael Gahona, quien le toma el pulso a Cavancha a través de un local de venta de jugos.
A la fecha, van más de 20 años del parque donde los yacarés se habían transformado en un lugar de interés turístico para la ciudad. Sin duda, un paseo obligado para quien visitaba Iquique, especialmente para los niños y niñas. El asunto es porqué exhibir un yacaré, habiendo tanto atractivo. Para la ecóloga y ambientalista Andrea Auger, nunca debieron habitar los yacarés en Iquique, menos pasar 20 años en un contexto de cautiverio inadecuado. O sea, todo mal si nos ponemos en el pellejo duro del reptil. “Tras 20 años, un yacaré puede tener malformaciones. Ellos, en un contexto normal, pasan un tiempo en el agua y un tiempo afuera, para secar la piel. Mantienen una termorregulación entre el agua y la tierra. Si los tienen aquí durante 20 años, seguramente, al mirarlos en detalle, encontraríamos malformaciones en su estructura ósea, problemas de digestión debido a que su abdomen está presionado, problemas dérmicos, pérdida de musculatura y de movilidad por roces debido a la territorialidad. En resumen, es como tener a una persona sedentaria todo el día y decirle: “Usted, señor, no se puede parar”, afirma.

Los huevos de la discordia
Sin embargo, en los últimos años se ha puesto en duda la continuidad de este “ícono iquiqueño de cautiverio animal”, por parte de la municipalidad. De manera evidente, el lugar, el parque, tiene un desgaste por el paso del tiempo, antecedente que ha afectado la calidad de vida de los tres animales sobrevivientes. Hace algún tiempo dos animales partieron en avión al Parque Metropolitano de Santiago. La concejala Carolina Valdés, quien reconoce haber seguido la historia de los yacarés, indica que, si bien hay consenso por parte del concejo de que esto no termine, el alcalde, Mauricio Soria, a modo personal quiere darle un punto final al parque. El dilema es el traslado de los tres yacarés que quedan, pero aquí se suscita un segundo problema: surgieron cuatro huevos.
Se trata, dice la edil, de un imprevisto que podría hacer cambiar o postergar los planes de la municipalidad, que es trasladar a corto plazo a los yacarés a Santiago. El dato anterior aumentaría en los próximos meses la cantidad de animales. “La situación se pone compleja y esto llevaría a retrasar los tiempos que determinó la municipalidad. Quizás se trasladen a mitad de año”, afirma.
Para Andrea Auger, los huevos para eclosionar necesitan una temperatura adecuada. “La hembra hace un nido, entonces esos huevos deberían dejarse ahí. Si fuera un buen parque y no un circo pobre de maltrato, con el agregado de la arena Cavancha que genera contaminación acústica, la situación sería distinta. Las criaturas necesitan para sobrevivir humedad y temperatura adecuada. Y cuando estas criaturas nazcan, si no está el espacio adecuado en el nido, pueden venir los otros y se lo pueden comer”, asevera.
Los yacarés son una especie de cocodrilo que, al llegar a la edad adulta, pueden medir hasta 2,5 metros y llegar a vivir hasta cinco décadas, según los cuidados que reciban. “En este caso los animales están estresados. Son animales cuya vida no tiene estímulo. Es difícil calcular su esperanza de vida de esa manera”, dice.
Municipalidad
Por su parte, la médico veterinaria de la Municipalidad de Iquique, María José Quivira, destacó que el año pasado se pudieron dar en adopción a dos ejemplares. “En la actualidad nos quedan tres. La intención de la municipalidad es ir poco a poco reduciendo el número, pues no queremos mantener más animales en cautiverio, así que en este momento se están haciendo gestiones para reubicar lo que nos queda”, aclara.
Sostuvo que a los yacarés que están en el parque se les mantiene con un cuidado los 365 días del año; “además reciben alimento de acuerdo a su especie y edad”. Se alimentan de pollo, carne y peces. Esperamos que pronto sean trasladados, pues la municipalidad se encuentra en conversaciones con diferentes lugares interesados. Nuestro objetivo es cerrar el parque porque no queremos seguir con los animales en cautiverio”, recalca.
Los otros animales que están en cautiverio son dos lobos marinos, uno con problemas de ceguera y un chungungo. A esto se suma una loba marina que está amaestrada desde un principio y hasta responde en inglés. “Todos —dice la concejala Carolina Valdés— están en buenas condiciones”.
