Infraestructura hídrica crítica: ¿Una red nacional como la eléctrica?

Infraestructura hídrica crítica: ¿Una red nacional como la eléctrica?

La nueva era del agua en el desierto minero mira al mar como fuente estratégica, pero también a la reutilización.

En la carrera por garantizar la sostenibilidad hídrica, el mar ha dejado de ser solo un horizonte y ha pasado a convertirse en una fuente estratégica. Así lo ha comprendido la minería, sector que ha sido pionero en adaptar su gestión hídrica a los efectos del cambio climático, impulsando una transición progresiva desde fuentes continentales a fuentes no convencionales.

Según la “Radiografía del Agua”, la industria minera utiliza el 1,3% de los recursos hídricos continentales, y conforme a los datos más recientes la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), a 2023, el consumo de agua proveniente de fuentes continentales y no convencionales de la industria alcanzó los 18,8 m³/s. Ahora bien, las proyecciones de la misma corporación adelantan que, al 2034, el uso de agua continental disminuirá un 36,7% respecto a 2023, y el uso de agua de mar se incrementará en un 113,2% para 2034, alcanzando los 14,5 m³/s. Ello implica entonces que, a 2034, “el agua de mar representará el 66% del total de la demanda hídrica de la minería del cobre”, destaca el director ejecutivo de la Asociación Chilena de Desalinización (ACADES), Rafael Palacios.

Hoy, más del 85% de la capacidad instalada de desalación industrial en Chile abastece directamente a la minería del cobre, y el mayor proyecto pionero de reutilización de aguas residuales que se implementa en Antofagasta lo hará también -el proyecto con una inversión de casi US$ 300 millones pertenece a Econssa y Sacyr Agua, y estará operativo en 2028, tratará 900 l/s de aguas servidas para uso minero, eliminando descargas al mar y consolidando la economía circular hídrica en una zona de alta aridez.

Palacios comenta que “esta transformación en el uso del agua en procesos industriales ha llevado a maximizar la eficiencia del recurso, alcanzando hoy niveles por sobre el 75% de reutilización de agua. Y ambas cosas. La reutilización y uso de fuentes no convencionales se han instalado como un pilar más de la sostenibilidad de las operaciones mineras, puesto que permiten proyectar su funcionamiento y crecimiento en el largo plazo con independencia de la variabilidad propia de las fuentes continentales”.

Infraestructura crítica

Además de los aspectos técnicos, hay un problema estructural que impide avanzar de manera significativa. Esto está relacionado con la ausencia de un sistema de distribución de agua que esté interconectado, lo que impide que todos tengan acceso y puedan aprovechar de manera efectiva las fuentes de agua no convencionales.

“Así como hoy tenemos un sistema eléctrico conectado, deberíamos considerar una red de agua que incluya diferentes fuentes, como agua de mar, agua desalada y aguas residuales tratadas. Sin embargo, esta idea debe ser el resultado de un esfuerzo conjunto y la implementación de políticas públicas. Que cada pequeña empresa o agricultor del desierto instale su propia planta desaladora es muy costoso, pero, si en vez de que se construyan más, se construyen más grandes y con mayor capacidad de distribución, el proceso se ve beneficiado porque tenemos menos tuberías y menos costos de transporte por bombeo, con mejor acceso para distintos usuarios, desde mineras pequeñas hasta comunidades agrícolas. Eso hoy no existe y es necesario”, plantea el académico titular de la Universidad de Antofagasta y director del Doctorado en Ingeniería de Procesos Minerales de la misma institución, doctor Luis Cisternas.

Por su parte, Rafael Palacios precisa que, para optimizar los recursos hídricos, lo esencial es “darle muchas vueltas a cada gota”, es decir, circularizar su utilización mediante sistemas interconectados de almacenamiento, tratamiento y transporte. Para ello, lo primero es avanzar en la reutilización de las aguas servidas tratadas que se disponen en el mar en ciudades costeras de la Macrozona Norte. “Hoy tenemos más de 8.000 litros por segundo que podemos aprovechar en usos industriales y agrícolas si conseguimos destrabar las inversiones que se requieren para su tratamiento y conducción. Por ello es tan relevante el proyecto que lidera Econssa en Antofagasta y que fue recientemente adjudicado a Sacyr Agua, puesto que podría señalizar un camino replicable en otras regiones como Iquique, Coquimbo y Valparaíso”.

“De la misma forma, es clave también el éxito de la planta desaladora que licitó la Dirección General de Concesiones para la región de Coquimbo, pues de llegar a buen puerto, podría instalar un modelo de asociación público-privada a través del cual llevar a cabo múltiples plantas multipropósito y sistemas integrados de transporte de agua que le entreguen al país la infraestructura hídrica que necesita para que su economía recupere su dinamismo y ritmo de crecimiento”, complementó Palacios.

El futuro del cuidado del agua no solo está en buenas prácticas, sino también en innovaciones científicas y la incorporación de tecnologías como espesadores de alto rendimiento, cubiertas flotantes para piscinas de evaporación y la aplicación de aditivos químicos para liberar agua atrapada en los relaves. Todo esto forma parte de un ecosistema de innovación con el cual se busca “darle muchas vueltas a cada gota” en una nueva gobernanza hídrica en una zona hiperárida.