El terminal movilizó más de 3,5 millones de toneladas en 2025, un 35% más que el año anterior. Sin embargo, episodios de saturación y la falta de accesos dedicados, revelan que este sostenido aumento podría convertirse en un problema si no se materializan proyectos de infraestructura por hasta USD 1.800 millones.
El Puerto de Iquique cerró 2025 con cifras inéditas: más de 3,5 millones de toneladas movilizadas, un millón por sobre su promedio habitual y las estadísticas de los dos primeros meses de 2026 confirman este continuo aumento. El gerente general de Empresa Portuaria Iquique (EPI), Rubén Castro Hurtado, celebró el récord y aseguró que aún existen holguras para manejar volúmenes mayores. Pero detrás del optimismo, persisten tensiones que ponen en entredicho la capacidad real del recinto para sostener un crecimiento sostenido.
Los episodios de congestión registrados en el concesionario ITI han obligado a desplegar planes de contingencia: coordinación de horarios de despacho, habilitación de áreas complementarias de almacenamiento y mesas de trabajo con actores logísticos. Medidas paliativas que, si bien han evitado un colapso, no resuelven el problema de fondo: la ausencia de infraestructura estructural que segregue el tránsito de carga del flujo urbano y garantice continuidad operacional.
Castro reconoce que el futuro del puerto depende de inversiones de entre USD 400 y USD 1.800 millones, destinadas a accesos viales, patios, grúas, tecnología y sostenibilidad. Entre los proyectos clave figuran un acceso dedicado al recinto portuario, un nuevo ingreso por el sector norte de Iquique conectado con la Ruta 5 y el desarrollo de zonas logísticas en Alto Hospicio y Pozo Almonte. Sin estas obras, el riesgo es claro: que el crecimiento se transforme en saturación y que Iquique pierda competitividad frente a otros puertos del norte.
La estrategia de financiamiento apunta a concesiones privadas, liberando gasto público. Pero la urgencia es evidente: el corredor bioceánico, la apertura del cabotaje marítimo y los proyectos mineros en Tarapacá ya están generando un flujo de carga que presiona la infraestructura existente. “Nada de esto será posible si no contamos con un acceso dedicado al puerto”, advirtió Castro.
Mientras Antofagasta y Mejillones movilizan más del doble de carga, Iquique se juega su futuro en una carrera contra el tiempo. El récord de 2025 es motivo de orgullo, pero también una advertencia: sin inversiones estructurales, el puerto corre el riesgo de que su propio éxito se convierta en su mayor amenaza.
