Las luces que aún faltan en el renacido Teatro Municipal de Iquique

Las luces que aún faltan en el renacido Teatro Municipal de Iquique

Urge un director artístico, una programación de actividades culturales y no solo corporativas. Y los fondos que la burocracia se resiste a entregar.

Han pasado diecisiete años. Diecisiete inviernos de polvo y silencio en el corazón de Iquique. Pero hoy, las puertas de calle Baquedano ya no crujen por el abandono, sino que se abren a diario para recibir un flujo incesante de público. El remozado Teatro Municipal, patrimonio arquitectónico de la ciudad, ha despertado. Y su agenda, aseguran sus gestores, “no tiene un día desocupado”.

Sin embargo, bajo el fulgor de las candilejas, empiezan a dibujarse las sombras de una realidad más compleja. La euforia por la reapertura empieza a chocar con los engranajes administrativos de un recinto que aún busca su ritmo.

Un espacio necesario

Abraham Sanhueza, reconocido gestor cultural, dramaturgo y director general del FINTDAZ, celebra con fervor lo logrado, pero no oculta su preocupación por lo que falta. “Importante que el Teatro Municipal haya abierto sus puertas”, afirma. Está demostrando, a la vez, que es un espacio imprescindible, y lo fue hace rato. Lamentablemente, nunca se avanzó con las obras de restauración; fue pasando el tiempo hasta que se abrió”.

Ese tiempo perdido se cobra ahora una factura inesperada. Para Sanhueza, la alta demanda —que incluye no solo funciones artísticas sino “actividades paralelas vinculadas con la cultura”— evidencia una “necesidad imperiosa”. Pero también revela las costuras de un modelo de gestión todavía en construcción.

“Hay normas nuevas por el tema del patrimonio, normas de trabajo”, explica el dramaturgo. Y es ahí donde surge la primera fricción: los tiempos del arte chocan con el reloj de ocho horas. “Los artistas funcionamos de otra manera”, insiste. Podemos trabajar las ocho horas, pero podemos seguir trabajando porque uno tiene que ensayar, marcar luces, etc. Ahí empiezan los choques con los trabajadores del teatro por las ocho horas”.

La solución, para Sanhueza, pasa por una estructura profesional que Iquique aún no tiene: “El teatro debe funcionar como teatro, con un equipo de trabajo rotativo, doble, como funcionan los grandes teatros”. Y añade una carencia aún más simbólica: El teatro municipal carece de director artístico y de planta administrativa.

El eco desde la corporación cultural

Mientras los artistas piden más tiempo y más equipo, desde la institucionalidad responden con cuentas claras y plazos administrativos. Jorge Neira, presidente de la Corporación Cultural de Iquique, confirma que el funcionamiento del recinto todavía depende de recursos en trámite.

“Entiendo que recursos provenientes de la Subsecretaría de las Culturas y las Artes se encuentran aún en tramitación”, señala Neira. “Son recursos que la IMI podrá utilizar en programas y contenidos para el teatro, como también para el funcionamiento operacional del recinto”.

En el lado más optimista, Neira asegura que la Orquesta Regional de Tarapacá ya tiene programados conciertos en el Teatro Municipal hasta diciembre de 2026. No obstante, suelta una confesión que dibuja con claridad la provisionalidad del momento: “Desconozco el resto de la programación, cartelera o contenidos del TMI”.

Un teatro a medias

Así, el remodelado Teatro Municipal de Iquique vive su doble jornada. De día, la maravilla de las puertas abiertas y las butacas llenas. De noche, la urgencia silenciosa de un equipo técnico que no alcanza, de un director artístico que no llega y de una burocracia que aún no termina de soltar los fondos prometidos.

Porque abrir un teatro después de 17 años no es solo quitar los andamios. Es también —quizás más arduo aún— aprender a hacer vibrar cada rincón sin que el añejo esqueleto del abandono cruja bajo el nuevo esplendor.

Por ahora, Iquique celebra. Pero los artistas, con la agenda en la mano y el cronómetro encima, esperan que la función no quede a medias.